Alejandro Rebollo
La reciente lista ofrecida por Miguel Méndez para preparar el Mundial de Berlín 2026 confirma una tendencia inevitable en el deporte de élite: el cambio de ciclo. La convocatoria, liderada por el bloque subcampeón de Europa junto a nombres clave como María Conde, Megan Gustafson y Maite Cazorla, evidencia una clara renovación en las filas de la Selección Española.
Para el baloncesto canario, esta lista supone un punto de inflexión. Atrás va quedando la época dorada de históricas como Leticia Romero, Leonor Rodríguez o Astou Ndour, jugadoras que cimentaron los éxitos de la última década. Ahora, el peso del archipiélago en el combinado nacional recae sobre un liderazgo consolidado y el empuje de la nueva generación.
Durante años, hablar de la aportación canaria a la Selección era sinónimo de repasar un núcleo inamovible de jugadoras que garantizaban medallas. Sin embargo, la exigencia del baloncesto internacional actual, sumada a la necesidad de proyectar el equipo hacia el futuro, ha obligado a la Federación a apostar por la actualidad más estricta.
En este nuevo ecosistema, el "cupo" isleño ya no es una cuestión de acumular veteranas, sino de disponer de talento en su pico de madurez física y táctica, acompañado de savia nueva que pide paso desde las categorías inferiores.
Si hay un nombre que justifica por sí solo el impacto actual del baloncesto grancanario en la Selección, es el de Maite Cazorla. La base nacida en Las Palmas ya no es la joven promesa que despuntaba al cruzar el charco; hoy es el motor absoluto del equipo de Miguel Méndez. En una convocatoria diseñada para competir al máximo nivel físico, la dirección de juego de Cazorla es innegociable. Su capacidad para marcar el ritmo, leer las ventajas y conectar con jugadoras interiores como Megan Gustafson será vital en Berlín.
Su paso por la WNBA (Atlanta Dream) y su trayectoria en la élite del baloncesto europeo la han curtido. Cazorla absorbe la presión que antes recaía en jugadoras como Laia Palau o Silvia Domínguez, asumiendo los galones de mando en los momentos calientes. La ausencia de las figuras históricas abre la puerta a la actualidad más pura. El talento grancanario que llama a las puertas de la absoluta (o que ya empieza a asomar en las ventanas FIBA y concentraciones previas) tiene nombre y apellidos que aseguran el futuro:
Carla Brito representa el relevo natural del baloncesto grancanario. Su exuberancia física, su formación en el baloncesto universitario de Estados Unidos (NCAA) y su dominio en las categorías de formación de la Selección la convierten en la exterior moderna que exige el baloncesto actual.
La lista para el Mundial de Berlín 2026 es una declaración de intenciones. España viaja a Alemania con la ambición intacta, pero con caras renovadas. Para el baloncesto canario, es la confirmación de que el talento de las islas sigue siendo vital, pero con nuevos protagonistas. Es el momento de Maite Cazorla en la cumbre de su carrera y el inicio del camino para una nueva ola de jugadoras dispuestas a tomar el testigo.